LA MUERTE DEL ESPAÑOL
Versión teatral
Diego Marquéz
Basada en la novela «La muerte del español»
del mismo autor
© 2026 Diego Marquéz
Todos los derechos reservados.
Esta obra teatral, así como el texto original en el que se basa, son propiedad intelectual de su autor.
Queda prohibida la reproducción, distribución, adaptación o representación pública, total o parcial, sin autorización previa y por escrito del autor, salvo en los casos expresamente permitidos por la ley.
Autor: Diego Marquéz
Obra original: La muerte del español
Versión teatral: 2026
LA MUERTE DEL ESPAÑOL – Versión teatral
Personajes:
- MATTEO (Restaurador e historiador experimentado, sereno, analítico, en busca de respuestas)
- RAFFAEL (Historiador y compañero de camino, crítico, pragmático)
- JOSÉ («El Español») (Un hombre de voluntad inquebrantable, marcado por el trabajo duro y el orgullo)
- TOMÁS (Compañero de camino en Albox, escéptico, prudente)
- ESTEBAN (Compañero de camino en Albox, rudo, directo)
ESCENA 1: LA DESPEDIDA DE ALBOX
Años 60
Escenografía e iluminación: Una luz cálida, polvorienta y dorada llena el escenario: el recuerdo del sur. Sin música.
JOSÉ entra lentamente en escena. Lleva una maleta. (No dice nada. Camina unos pasos, se detiene y mira a su alrededor. Una espera pesada se extiende por el espacio. Levanta brevemente la maleta, siente su peso y vuelve a dejarla lentamente en el suelo. Continúa en silencio. En la sala podría oírse hasta el más mínimo ruido; el público espera ya, expectante, sus primeras palabras.)
(Solo entonces respira profundamente, mira al público como si contemplara el paisaje abierto de su tierra natal y habla con voz firme y serena:)
JOSÉ «Mi querida tierra…» (Larga y pesada pausa. Todos los sonidos de la sala desaparecen. Silencio absoluto.) «Te abandono.» (De nuevo una pausa deliberada, mientras el peso de la despedida permanece suspendido en el aire.) «Me voy a un país extraño, lejano y frío, para buscar aquello que tú no pudiste darme aquí: trabajo y pan. Pero escúchame, Albox… te juro que…» (Una pausa para respirar. La tensión aumenta.) «…volveré. Y cuando vuelva, conquistaremos el mundo.»
(José recoge su maleta en silencio. La oscuridad cae de golpe.)
EL ENIGMA DEL PRESENTE
Escenografía: Una estancia débilmente iluminada: un archivo o un taller. En el centro hay una única mesa de madera; sobre ella, expedientes amarillentos, varias fotografías antiguas en blanco y negro y documentos. Sin música. Silencio absoluto. Un único y nítido haz de luz cae sobre la mesa.
MATTEO y RAFFAEL están junto a la mesa. Matteo hojea lentamente un expediente, se detiene y mira a Raffael.
MATTEO (en voz baja, casi para sí mismo) No tiene sentido, Raffael. Un simple empresario del mármol de Albox… ¿Por qué lo llevó su camino precisamente a Galicia en 1980? ¿Y por qué acabó siendo la única víctima civil?
RAFFAEL (niega lentamente con la cabeza y apoya una mano sobre los papeles amarillentos) Los expedientes guardan silencio al respecto. Los autores fueron detenidos, sí. Pero ¿el motivo? Hasta hoy sigue siendo un punto ciego. En los informes solo lo llaman la sombra del sur.
MATTEO (mira hacia la oscuridad del público, como si atravesara con la mirada las décadas que los separan) Fue mucho más que un número de expediente. Antes de llegar a Galicia, era un hombre con un sueño. Todo comenzó allí donde el sol abrasa la piedra. En Albox.
(Larga y pesada pausa. El silencio de la sala se vuelve casi tangible.)
ESCENA 2: EL ESPAÑOL
Alemania, años 60/70
Escenografía e iluminación: Una luz fría, casi estéril, en tonos gris azulados. Al fondo se intuye un banco de trabajo, una nave industrial o un alojamiento estrecho y desnudo. Sin música. Solo el sonido monótono y martilleante de una máquina o el golpe sordo y pesado del metal contra la piedra, que va creciendo lentamente desde el silencio y se interrumpe bruscamente.
Personajes: JOSÉ está en primer plano, bajo una luz dura. Lleva ropa de trabajo pesada, cubierta de polvo. Es más joven que cuando regrese, pero en sus ojos permanece la misma determinación de hierro. A su alrededor, voces invisibles o un capataz alemán.
CAPATAZ (desde fuera de escena, áspero e impaciente) ¡Eh, tú! ¡Español! ¡Más rápido! ¡Se acaba el tiempo del trabajo a destajo!
(José no reacciona de inmediato. Se seca el sudor de la frente. Sus manos muestran las huellas del trabajo duro. Mira fijamente hacia delante.)
JOSÉ (en voz baja, para sí mismo, con un fuerte acento, pero con orgullo en la voz) No conocen mi nombre. Para ellos no soy una persona. Para ellos solo soy… el español.
(Una breve y pesada pausa. El frío de la estancia se hace físicamente palpable.)
JOSÉ (más alto, su voz corta el silencio) Buscad vuestro nombre, si queréis. Llamadme como os dé la gana. Pero hay una cosa que debéis saber: cada céntimo que gane aquí lo llevaré de vuelta a mi tierra. Allí seré el amo. No un criado.
(Golpea con el puño la fría mesa de trabajo. Un único golpe fuerte resuena. Después, de repente, un silencio absoluto y opresivo.)
ESCENA 3: EL REGRESO Y EL PACTO DEL MÁRMOL
Albox, años después
Escenografía e iluminación: La fría y tenue luz de Alemania desaparece bruscamente y da paso a una intensa luz cálida y polvorienta de una tarde andaluza. Al fondo, una sencilla mesa de madera con algunas sillas: un lugar a la sombra en Albox. Sin música. Solo el lejano y flotante canto de las cigarras, que subraya el calor del sur.
Personajes: JOSÉ está en el centro. Ha dejado su vieja maleta en el suelo. Parece mayor, marcado por los duros años pasados en el extranjero, pero en su mirada hay un orgullo indomable. A su alrededor se reúnen sus compañeros de tantos años: TOMÁS y ESTEBAN.
(Tomás y Esteban observan primero a José en silencio. Nadie habla. La tensión del reencuentro pesa en el ambiente y se hace palpable en la sala.)
TOMÁS (rompe finalmente el silencio, escéptico, con los brazos cruzados y una ligera sonrisa de reconocimiento) «Así que lo has conseguido, José. De verdad has vuelto del extranjero.»
JOSÉ (deja que su mirada recorra los rostros de sus viejos amigos y extiende lentamente los brazos) «Lo prometí. Aquel día, cuando me fui con la maleta vacía.»
(Camina lentamente hacia la mesa, toma aire y golpea la madera con la palma de la mano: un golpe sordo y seco que resuena en el silencio absoluto de la escena.)
«Y ahora dejaremos de trabajar como esclavos para señores extranjeros. Aquí está nuestra riqueza. Bajo nuestros pies. El mármol de Macael solo espera a que lo saquemos a la luz.»
ESTEBAN (se acerca, observa la mesa, su voz es áspera) «La extracción del mármol no es un juego de niños, José. Hace falta algo más que grandes palabras y unos cuantos ahorros que hayas conseguido reunir en Alemania.»
(De nuevo una pausa breve y deliberada. Ningún sonido en la sala. José mira a Esteban con firmeza e intransigencia. No aparta la mirada.)
JOSÉ «Por eso estoy aquí. Con vosotros dos. Lo haremos juntos. O pasaremos el resto de nuestras vidas siendo esclavos. ¿Qué va a ser?»
(Tomás y Esteban intercambian una breve mirada. La tensión de la sala se disuelve lentamente y da paso a una unidad firme y decidida. Tomás da un paso al frente y tiende la mano a José.)
TOMÁS
«Ya hemos sido esclavos durante demasiado tiempo. Si vamos a sacar el mármol de Macael, lo haremos bien. Pero el negocio no se va a quedar aquí abajo, José. Tú tenías grandes planes en la cabeza, allí arriba, en el norte.»
JOSÉ (estrecha firmemente la mano de Tomás, un brillo implacable aparece en sus ojos) «Exacto, Tomás. Albox es nuestro corazón, Macael es nuestros cimientos. Pero el verdadero mercado, el que mueve el gran dinero, está allí arriba, en el País Vasco. En Eskoriatza.»
(Cambio de luz: la cálida y polvorienta luz de la tarde de Albox se va concentrando lentamente y se vuelve más fría, más empresarial. Al fondo, una sencilla proyección oscura o la insinuación de una oficina: la «oficina en la sombra».)
ESTEBAN (con los brazos cruzados, su voz grave) «El norte es otro mundo, José. Los vascos no le compran a cualquiera que aparezca por ahí. Y, sobre todo: ¿cómo vamos a llevar bloques de toneladas hasta allí, intactos y sin que el Estado nos corte el paso, a través de cientos de kilómetros?»
JOSÉ (se acerca a la mesa, sobre la que ahora hay algunos antiguos documentos de transporte) «Por ferrocarril. La línea Lorca-Baza. Cada bloque será declarado como si fuera simple escombro sin valor. Pero en el núcleo… en el corazón de la piedra, esconderemos el capital que hemos construido con disciplina alemana.»
TOMÁS (inspira bruscamente, comprendiendo la magnitud de lo que está diciendo) «¿Quieres esconder el dinero dentro de la piedra? Eso es una locura, José. Si los aduaneros o la gente equivocada se enteran…»
JOSÉ (lo interrumpe sin contemplaciones y se acerca mucho a Tomás) «Quien no arriesga, se queda pobre. Durante años sangramos en la fría Alemania para otros. Ahora jugaremos con nuestras propias reglas.»
(Una larga pausa helada. La luz se concentra sobre los tres. Los dados están echados.)
(Tomás y Esteban siguen observando a José. El polvo de la calle cubre sus ropas. El calor de la tarde parece congelar casi la estancia.)
ESTEBAN (se acerca, observa la mesa, su voz es áspera) «La extracción del mármol no es un juego de niños, José. Hace falta algo más que grandes palabras y unos cuantos ahorros que hayas conseguido reunir en Alemania.»
(De nuevo una pausa breve y deliberada. Ningún sonido en la sala. Al fondo se escucha muy débilmente, casi de forma imperceptible, un tono grave y sordo de bajo: una vibración oscura y permanente que subyace a la escena y va creciendo lentamente.)
JOSÉ (mira a Esteban con firmeza e intransigencia, sin apartar la mirada; su voz se vuelve oscura, pero sostenida por una absoluta convicción interior) «No he vuelto para montar un pequeño negocio. He vuelto para cambiar el mundo. Cambiaremos el comercio del mármol: nuevos caminos, nuevos objetivos, algo que nunca se haya hecho antes.»
(Tomás y Esteban exhalan audiblemente. La mirada de José va de uno al otro.)
JOSÉ «Empecemos con el trabajo duro. Pero esta vez nos compensará con creces. ¿Qué va a ser?»
(Tomás y Esteban se miran, percibiendo el enorme alcance de sus palabras, capaces de cambiarlo todo. El bajo grave pulsa una última vez en lo profundo de la sala.)
TOMÁS (en voz baja, pero firme) «Entonces empecemos, José.»
(El bajo grave se apaga bruscamente. Un segundo de silencio absoluto y cortante sobre el escenario.)
(Entonces: un único y breve redoble de timbal, potente, seco y preciso. Oscuridad inmediata.)